Autoimagen,
nuestro espejo interno.

La autoimagen es esa fotografía interna (y con frecuencia falsa), que tenemos de nosotros mismos y que está presente, cada vez que decimos o pensamos “yo soy” o “yo no soy” y es la responsable de decir “yo puedo” o “yo no puedo”.
No permitas que una autoimagen distorsionada y equivocada impida tu felicidad.






¿Conoces los espejos de las ferias,
que deforman las imágenes que reflejan? 
 





 

Cuando nace un bebé, no sólo no sabe hablar, sino que no tiene consciencia de sí mismo, es decir, no sabe quién es.
Su mundo es su mamá y él es parte de ella.

Poco a poco aprende a hablar y lo hace relacionando las palabras que escucha, con los objetos que le muestran.
La mamá le dice mamila y se la muestra y el bebé aprende lo que es una mamila, después la mamá lo alimenta y el pequeño aprende para que sirve.

Así como aprende lo que significan las diferentes palabras, aprende lo que él es, es decir, adquiere una imagen de sí mismo.

Cuando dice "yo soy", repite lo que papá y mamá dicen de él, cuando platican con otras personas o cuando le dicen "eres..." o "no seas..."
El escucha estas palabras y como son dichas por papá y mamá las cree, nunca las cuestiona y pasan a formar parte de su autoimagen: "yo soy..."

La autoeimagen está compuesta, también, por el resultado de las conclusiones que el bebé saca, a partir de la manera como lo tratan.
Si sus padres u otras personas importantes en su vida lo ignoran, piensa "es porque no me quieren" y concluye, (aunque no con estas palabras) "seguramente no soy digno de ser querido".




Las etiquetas que nos afectan, son aquellas que escuchamos con mucha frecuencia, de las personas que son valiosas para nosotros o que son el resultado de relaciones significativas.

La autoimagen que nos formamos es importante, porque determina nuestra actitud ante la vida.
Si pensamos que somos capaces, nos vamos a sentir motivados para actuar y vamos a tener éxito.
Si creemos que somos incapaces, la mayor parte de las veces ni siquiera lo vamos a intentar y nuestros esfuerzos van a ser relativos y poco exitosos.

El problema es que esas etiquetas que formaron nuestra autoimagen, no son un reflejo real de nosotros.
Sólo muestran la manera de pensar de la gente que fue parte de nuestra vida.

Veamos un ejemplo:
Enrique y Manuel estudian juntos.
Ambos son excelentes alumnos y su principal gusto es leer libros sobre aventuras y ciencia ficción.
Por lo tanto, pasan muchas horas leyendo en su cuarto.

Los papás de Enrique son muy deportistas.
Cada vez que lo ven sentado leyendo, le dicen:
No seas flojo.
Deberías de ser como los demás niños.

Los papás de Manuel son médicos y también les gusta la lectura.
Cuando lo ven leyendo, les da gusto y lo felicitan.

Probablemente al llegar a la edad adulta la autoimagen de Manuel va a ser mejor que la de Enrique.
¿Por qué si ambos niños comparten los mismos gustos y actividades, uno puede tener una autoimagen positiva y sentirse valioso y el otro no?
Porque han sido juzgados y calificados, por los valores personales y las preferencias de diferentes adultos.
Haz una lista de todas las características negativas que crees que tienes y de todo lo negativo que piensas o que crees que los demás piensan de ti.

Por ejemplo:
  • Soy un tonto,
  • le caigo mal a la gente,
  • mi nariz es horrible,
  • etc.
Deja un espacio junta a cada una de las críticas, para hacer anotaciones.
Analiza donde aprendiste a pensar y a criticarte así.
No para buscar culpables y enojarte con ellos.
Ten en cuenta que la gente que te enseñó a pensar así, hizo lo único que sabía y podía.
Finalmente ellos también tuvieron malos aprendizajes, carencias y vivencias negativas.

Pero no tuvieron la opción que tienes tú:
  • Corregir los errores en tu manera de percibir, pensar y sacar conclusiones y
  • aprender una nueva actitud ante la vida.
Analiza y corrige cada una de las críticas (descripciones negativas) que te hiciste.
Por ejemplo:
Si pusiste soy un tonto, pregúntate:
¿Todo lo que hago, en todo momento es una tontería?
Porque un tonto hace puras tonterías.
Si fueras un tonto, no estarías leyendo esto, ni lo entenderías.

Por lo tanto, quizás una mejor descripción sería:
Esto que hice, lo hice mal, fue una tontería.
Aquí cometí un error.
¿Cómo puedo corregirlo y qué puedo aprender. para hacerlo mejor la próxima vez?

Si escribiste:
“Tengo una nariz horrible”.
Pregúntate dos cosas:
  1. ¿De verdad es horrible o simplemente fea?
    ¿La gente voltea a verme cuando voy por la calle y se asusta de mi nariz?
  2. ¿Qué tan importante es, realmente, el tamaño o forma de mi nariz?
    ¿La “fealdad” de mi nariz es la causa de todo lo negativo que me ha pasado en la vida?

    Si así fuera, toda la gente fea o con algún problema o discapacidad física sería infeliz y fracasada y toda la gente “bonita” sería feliz y exitosa.
Si te es difícil analizar y corregir tus propias descripciones, escribe lo que le dirías a la persona que más quieres, si te hiciera dichos comentarios.
Pero recuerda basarte en la realidad.

Si hablas de una nariz enorme y deformada, seguramente no le dirías “tu nariz es preciosa”.

Quizás podrías decir algo así:
Sí, tu nariz es grande, pero tú eres mucho más que una nariz.
Lo que cuenta es todo lo que has hecho y todo lo que eres capaz de hacer, si te olvidas de tu nariz.

Mantén estas listas cerca de ti y por lo menos una vez al día revísalas.

Hacia el final de la hoja, escribe con letras grandes: "Mis progresos". En cada ocasión que descubras que algún pensamiento negativo está perdiendo fuerza, pon una marca que represente tu éxito.
No importa si el logro es importante o no, la vida está hecha de instantes y pequeñísimas acciones que al unirse nos dan un todo.




Ten un diario y apunta todos los días tus logros, en cualquier área de tu vida, aunque sean muy, muy pequeños.
Escribe, también todo lo positivo que te sucedió ese día, aunque parezca algo tan poco importante como que te sonrió tú vecino o que no hubo tráfico en el camino a tu casa.

Escucha las críticas, las tuyas y las de los demás y analízalas cuidadosamente.
Si son objetivas, aprende de ellas, pero sin devaluarte.
Si no lo son, olvídalas.

No tengas miedo de volverte un presumido o soberbio.
Tener una buena autoestima no significa creerse más que los demás o pensar que somos lo máximo.

Significa:
  • No valorarnos por nuestras conductas o características,
  • reconocer nuestra capacidad para aprender y
  • el derecho y la responsabilidad de buscar nuestro bienestar y felicidad, sin dañar a los demás.

Todos los días al despertarte, estírate lentamente, disfrutándolo (como hacen los gatos), sonríe y piensa o di en voz alta:
"Hoy es un buen día. Hoy estoy bien"
No importa si en un principio no estás convencido de ello.

Si lo dices con convicción, tu cerebro y tu inconsciente lo registran y te ayudan a vivir de esa manera y a reaccionar mejor ante los problemas, pero debes hacerlo diario y con convicción.

Cierra tus ojos e imagínate actuando y sintiéndote como te gustaría.
Trata de ver todos los detalles posibles.
Cómo estás vestido, cómo te mueves, la expresión de tu cara, etc.
Fija esa imagen en tu mente diciéndote: "así soy yo".

Todas las noches antes de dormir, cierra tus ojos, respira lenta y profundamente, deja que tu cuerpo se relaje y visualiza tu nueva autoimagen.

Agradece todos los días antes de dormir, a Dios, la vida, la suerte, a ti mismo o en lo que tú creas, lo bueno que tienes y lo bueno que te sucedió ese día.
Aún en lo peor que puedes estar viviendo, siempre hay cosas buenas.

El que no ve, puede agradecer que tiene manos para ayudarse.
El que está enfermo, puede agradecer que tiene a alguien junto a su cama.




Valentia



Valentía es admitir tus temores  y enfrentarlos cara a cara. Es tener la fortaleza de pedir  ayuda y la humildad de aceptarla. Valentía es defender tus  principios sin preocuparte por lo que otros dirán.
 
Es escuchar tu corazón,  vivir tu vida y no aceptar  sino lo que para ti es lo mejor. Valentía es tomar  el primer paso,  dar un gran salto,  o cambiar el camino.
 
Valentía es mantener el  espíritu en los desencantos,  y considerar las derrotas  no con el fin sino como  un nuevo comienzo. Es intentar lo que nadie  supo hacer jamás  y todos creen imposible.
 
Es creer que por fin  las cosas mejorarán,  aunque ahora  parezcan peores.
 
Valentía es tomar  responsabilidad de tus acciones y saber  admitir tus errores  sin culpar a los demás.
 
Es confiar, no en los demás,  sino en tu habilidad y  esmero para triunfar.
 
Valentía es negarse a desistir, aunque la posibilidad te intimide. Es trazar tu meta, mantenerte fiel a ella  y  hallar soluciones para los obstáculos.
 
Valentía es pensar en grande,  apuntar bien alto y llegar bien lejos. Es adoptar un sueño y hacerlo todo, arriesgarlo todo,  no desistir ante ningún obstáculo para tornarlo realidad.